Voy a la iglesia y no recibo sanidad

Durante la vida terrenal de Jesucristo, podemos observar que éste enfocó su actividad, esencialmente, en un triple ministerio:
-La enseñanza de la palabra de Dios

-La predicación del arrepentimiento

-La sanidad de toda clase de enfermedades y dolencias en el pueblo.??En el día de hoy nos vamos a ocupar de la tercera –la sanidad- no sólo por ser la que Jesús dedicó gran parte de su tiempo y a través de la que se puede observar grandes milagros; si no por la gran batalla que el enemigo está librando contra el hombre, aun en el propio seno del pueblo de Dios, con diferentes tipos de enfermedades y dolencias.??Jesús, en un exacto cumplimiento de las escrituras y profecías, hizo muchos milagros en la esfera de la sanidad, sanando enfermos y echando fuera a demonios.??Mateo 8:16-17 – Y cuando llegó la noche, trajeron a él muchos endemoniados; y con la palabra echó fuera a los demonios, y sanó a todos los enfermos; 17 para que se cumpliese lo dicho por el profeta Isaías, cuando dijo: El mismo tomó nuestras enfermedades, y llevó nuestras dolencias
Indiscutiblemente que en nuestro ministerio, el don de sanidades, dejando a un lado el sacrificio y la dedicación que requiere, es un don muy bello, y se siente gran satisfacción –no un orgullo- cuando vemos que somos útiles al dejarnos usar por Dios, haciendo una noble obra en función del amor al prójimo. Ahora bien, esto no quiere decir que todos estemos listos para emprender este importante ministerio, y aunque cualquier hermano pueda orar e interceder por otro; ya sea por sanidad u otra cosa, debemos ser llamados por Dios para desarrollar este don, entre cuyas principales particularidades se encuentran: amor por los necesitados, la fe, una apropiada comunión con Dios, obediencia y sometimiento, entre otras.??Sin embargo, en cada congregación donde se sigue una sana doctrina y se enseña la palabra de Dios, el Señor llama a alguno o algunos de los hermanos para llevar este ministerio; y el pastor, como cabeza de la iglesia, es un fiel velador de que este hermano, tenga este don, y lo practique en santidad, y no que sea un iluso, que quiera practicar un ministerio del cual no ha sido llamado.??LA VOLUNTAD DE DIOS CON RESPECTO A LA SANIDAD SE REVELA DE CUATRO MANERAS EN LAS ESCRITURAS??1. La declaración de Dios??Éxodo 15:26 – Y dijo: Si oyeres atentamente la voz de Jehová tu Dios, e hicieres lo recto delante de sus ojos, y dieres oído a sus mandamientos, y guardares todos sus estatutos, ninguna enfermedad de la que envié a los egipcios te enviaré a ti; porque yo soy Jehová tu sanador.??Dice que porque Jehová es tu sanador, ninguna enfermedad de la que le envié a los egipcios, te enviaré a ti. Como podemos ver, en el Antiguo Testamento, Dios es redentor, que quiere sanar a los que buscan su rostro y obedecen. Es el médico divino que no le da la espalda a su pueblo; pero pone una disyuntiva, si me oyere y me obedeciere.??2. El ministerio de Jesús??Jesucristo como hijo de Dios era y es la exacta manifestación de la naturaleza y del carácter de Dios y en su ministerio terrenal, reveló la voluntad del Padre en acción probando que está en el corazón, la naturaleza y en el plan de Dios sanar a todos los enfermos y oprimidos por el diablo.??Hechos 10:38 – Como Dios ungió con el Espíritu Santo y con poder a Jesús de Nazaret, y como éste anduvo haciendo bienes y sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él.
?En este versículo podemos ver el poder de Jesús sobre Satanás cuando dice: y sanando todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él.??3. La provisión de la expiación de Cristo??La muerte expiatoria de Cristo –muerte de un justo para pagar por otros culpables- fue perfecta y suficiente para redimir a la persona íntegra, o sea, en espíritu, alma y cuerpo. De manera que no sólo santificó, justificó y perfeccionó al espíritu del hombre, sino también sanó su cuerpo de enfermedades y dolencias.??1 Pedro 2:24 – Quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y para cuya herida fuisteis sanados.??Cristo se convirtió en el sustituto de los pecadores al llevar sobre sí el pecado de ellos, y al resucitar, dejó enterrado a los pecados, para que todos los que creyeran en él, fueran nacidos de nuevo; limpios, sanos, justificados y santificados.??Mis queridos hermanos; para recibir esta bendición es necesario nacer de nuevo. Esto no significa, en alguna manera, que volvamos a introducirnos en el vientre de nuestra progenitora para volver a la luz como pensó Nicodemo; pero sí que hayamos muerto primero, porque se necesita enterrar el viejo hombre, para ser un nacido de nuevo, y proseguir en humildad y en fe para poseer la completa provisión de la expiación de Cristo, incluso la sanidad del cuerpo.??4. El ministerio actual de la iglesia.??Ya sabemos que Jesús envió a los doce discípulos a sanar a los enfermos como parte de su proclamación del reino de Dios.??Lucas 9:1 – Habiendo reunido a sus doce discípulos, les dio poder y autoridad sobre todos los demonios, y para sanar a los enfermos.
?La tarea de sanar y echar fuera demonios no quedó en los doce discípulos solamente, porque después escogió a otros setenta creyentes para ministerios similares.??Lucas 10:1 – Después de estas cosas, designó el Señor también a otros setenta, a quienes envió de dos en dos delante de él a toda ciudad y lugar adonde él había de ir.??En nuestros días, la iglesia es la responsable de llevar adelante el ministerio de sanidad de Jesús como parte de la predicación del evangelio, como lo hizo la iglesia primitiva, después del día de Pentecostés.??En Hechos 3:1-10, se ve como Pedro y Juan, en el nombre de Jesús de Nasaret, le ordenan al cojo de nacimiento que se situaba en la puerta del templo La Hermosa a pedir limosnas, que anduviera, y él anduvo sin usar muletas ni bastón.??OBSTÁCULOS QUE SE OPONEN PARA RECIBIR LA SANIDAD.

En ocasiones nos afanamos buscando la sanidad divina y no la encontramos por ninguna parte. En vez de hacer un análisis de las cosas que están sucediendo para descubrir la raíz del problema, lo que hacemos es afligirnos y creer que Dios se ha olvidado de nosotros. Para encaminar nuestros pasos hacia los posibles factores que inciden en que nuestra oración no sea respondida, vamos a dar un grupo de obstáculos, que si no son la causa, andan muy cerca.??1. Pecados no confesados??2. Opresión demoníaca??3. Desengaños del pasado que perjudican la fe de hoy??4. Temor y/o ansiedad??5. Enseñanza que se contradice con la Biblia??6. La iglesia no está buscando y obteniendo los dones de milagros y sanidades que Dios ha designado. Los ancianos no están funcionando en medio de la oración.??7. Incredulidad y conducta carnal??PARA COMBATIR ESTOS OBSTÁCULOS DEBEMOS:??1.Tener una buena relación con Dios y los demás
2. Busque la presencia de Jesucristo en su vida. Él es quien dará la fe necesaria.
3. Sature su vida de la palabra de Dios
4. Permanezca en Cristo aun cuando no haya recibido la sanidad esperada
5. Pida oración a los ancianos de la congregación
6. Espere un milagro, es decir, confíe en el poder de Cristo.??Dios nunca desamparará a un creyente consagrado; pero en ocasiones ha preferido llevarse al siervo sin haberlo sanado de la enfermedad que le estuvo afligiendo en la tierra. En estos casos, debemos ser disciplinados, obedientes y valientes, y respetar la voluntad de Dios, porque Él es soberano y debemos acatar conscientes de que siempre va a elegir lo mejor, aun cuando no lleguemos a comprender. Si usted está asistiendo a la iglesia y ha orado y ha buscado por su propia sanidad o por la de algún familiar o amigo, y no la ha encontrado, por favor no se aflija, medite en esta enseñanza de hoy revisando su diario vivir, que tal vez encuentre algunos de estos factores y también pueda encontrar la vía de solución.??Recuerde, hermano, que para el pecado, Dios provee el perdón; para la muerte, Dios provee vida eterna y resurrección; y para la enfermedad y la dolencia, Dios provee la sanidad.??Mantengámonos firme en el Señor, que las bendiciones, ya están a la puerta.

Graciela Salguero Graciela Salguero
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